Piel.
Me fuiste dada como un envoltorio mortal y delicado. Ahora en ti llevo las marcas del placer y la desdicha. Eres el pergamino en el cual no he cesado de escribir mi historia. En ti se acumulan los pliegues implacables del paso de un tiempo que me roba la juventud efímera del soñador insaciable. No deja de escribirse en ti la crónica de mis efímeros triunfos ni la bitácora de mis interminables fracasos. Sientes y recibes lo de fuera y ocultas lo de dentro. Transformas caricias en condenas implacables y roces en vorágines de un deseo destinado a los hombres. Eres débil ante el placer, esclava ante el dolor, imberbe ante el frio y sumisa ante el calor. Te detesto por tu debilidad pero te amo a causa de tu sensibilidad. Sin ti solo sería músculos y sangre desbordante, un trozo de carne adherida al hueso, un muerto ante las manos de la desdichada insensibilidad.

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