Abro los ojos, el reproductor digital también abandona el sueño paradójico y se enciende. Me levanto, me acerco al buró y el Thysanuro sigue aquí, mientras recuerdo que hace un mes le di unos trozos de papel y tinta, se alimenta de ti y de mí, refleja mi mirada. De pronto me encuentro en “la inmortal”, una pulquería a orillas de la ciudad de San Everardo de Octliipan. Miro hacia el cerro e imagino cómo Carlos Lineo los clasificó: los había visto por casualidad en algunos entre-espacios, dejados al azar por algunos libros de la repisa. Meditaba en la elaboración de una nomenclatura, para que nuestro interés quedara sellado. El conocimiento desde los origenes, de la humanidad, Thysanura es el nombre de una familia de insectos prehistóricos de cerca de unos 400 millones de años. Si podemos imaginarnos al caballero inglés, la pregunta es la siguiente: ¡en qué recónditos lugares habría estado habitando el pequeño pececillo de plata en el principio de su existir?
jueves 8 de octubre de 2009
Franciscæ meæ laudes de Charles Baudelaire
Novis te cantabo chordis,
O novelletum quod ludis
In solitudine cordis.
Esto sertis implicata,
O femina delicata,
Per quam solvuntur peccata!
Sicut beneficum Lethe,
Hauriam oscula de te,
Quæ imbuta es magnete.
Quum vitiorum tempestas
Turbabat omnes semitas,
Apparuisti, Deitas,
Velut stella salutaris
In naufragiis amaris.
Suspendam cor tuis aris!
Piscina plena virtutis,
Fons æternæ juventutis,
Labris vocem redde mutis !
Quod erat spurcum, cremasti;
Quod rudius, exæquasti;
Quod debile, confirmasti.
In fame mea taberna,
In nocte mea lucerna,
Recte me semper guberna.
Adde nunc vires viribus,
Dulce balneum suavibus
Unguentatum odoribus!
Meos circa lumbos mica,
O castitatis lorica,
Aqua tincta seraphica;
Patera gemmis corusca,
Panis salsus, mollis esca,
Divinum vinum, Francisca!
Alabanzas para mi Francisca.
Traducción: Nitramiv Octlitlahuanani.
Te cantaré con liras nuevas,
¡Oh jardín tierno que juegas
en la soledad del corazón!
Se te cubrirá con guirnaldas,
¡Oh mujer delicada por quien
se destruyen los pecados!
Así como el complaciente Leteo
yo también obtenía besos de ti,
tú que de magnestismo estás impregnada.
Cuando la tempestad de los
vicios turbaba todos los
caminos, apareciste, deidad,
como una estrella benéfica
en los naufragios amargos.
¡Yo ofrendaba el corazón en tus altares!
Estanque lleno de virtud,
fuente de la eterna juventud,
¡Restituye la voz a mis labios mudos!
Lo que era sucio purificaste,
lo carente de gracia embelleciste,
lo débil fortificaste.
Durante el hambre mi refugio,
durante la noche mi lámpara,
por siempre la ley que me gobierna.
¡Aumenta ahora la fuerza de
mis fuerzas, tú, dulce baño
perfumado con suaves fragancias!
Alrededor de mi sexo estás presente,
!Oh coraza de la castidad
impregnada de agua seráfica!
¡Pátera resplandeciente de gemas,
pan de sal, vianda tierna,
vino divino, Francisca!
O novelletum quod ludis
In solitudine cordis.
Esto sertis implicata,
O femina delicata,
Per quam solvuntur peccata!
Sicut beneficum Lethe,
Hauriam oscula de te,
Quæ imbuta es magnete.
Quum vitiorum tempestas
Turbabat omnes semitas,
Apparuisti, Deitas,
Velut stella salutaris
In naufragiis amaris.
Suspendam cor tuis aris!
Piscina plena virtutis,
Fons æternæ juventutis,
Labris vocem redde mutis !
Quod erat spurcum, cremasti;
Quod rudius, exæquasti;
Quod debile, confirmasti.
In fame mea taberna,
In nocte mea lucerna,
Recte me semper guberna.
Adde nunc vires viribus,
Dulce balneum suavibus
Unguentatum odoribus!
Meos circa lumbos mica,
O castitatis lorica,
Aqua tincta seraphica;
Patera gemmis corusca,
Panis salsus, mollis esca,
Divinum vinum, Francisca!
Alabanzas para mi Francisca.
Traducción: Nitramiv Octlitlahuanani.
Te cantaré con liras nuevas,
¡Oh jardín tierno que juegas
en la soledad del corazón!
Se te cubrirá con guirnaldas,
¡Oh mujer delicada por quien
se destruyen los pecados!
Así como el complaciente Leteo
yo también obtenía besos de ti,
tú que de magnestismo estás impregnada.
Cuando la tempestad de los
vicios turbaba todos los
caminos, apareciste, deidad,
como una estrella benéfica
en los naufragios amargos.
¡Yo ofrendaba el corazón en tus altares!
Estanque lleno de virtud,
fuente de la eterna juventud,
¡Restituye la voz a mis labios mudos!
Lo que era sucio purificaste,
lo carente de gracia embelleciste,
lo débil fortificaste.
Durante el hambre mi refugio,
durante la noche mi lámpara,
por siempre la ley que me gobierna.
¡Aumenta ahora la fuerza de
mis fuerzas, tú, dulce baño
perfumado con suaves fragancias!
Alrededor de mi sexo estás presente,
!Oh coraza de la castidad
impregnada de agua seráfica!
¡Pátera resplandeciente de gemas,
pan de sal, vianda tierna,
vino divino, Francisca!
domingo 4 de octubre de 2009
VeNuS est KaLí.
Vita tu magna es Brenda mea María,
pulchior femina quam virgo non verorum
imaginaria somnorum meorum.
Iuxta lacum cogitationis incertum tu iaces
et meae spem vitae das libenter.
Regina vera es pulchraque non sine gratia,
semper floribus et formosissima pelle es vestita
sicut vestita flagrans remota luce est stella,
sicut ornata silentio et mysterio est nox.
Veritatis mondo in aeternum quaesitor,
omnium gladio rerum primi vincitor veri amoris,
proelia metuum consumata meorum.
Brenda in te María est mea semper fortuna.
Tú eres mi gran vida, tú Brenda María,
mujer más hermosa que la virgen
imaginaria de mis sueños irreales.
Tú yaces junto al lago incierto del pensamiento
y das gustosamente esperanza a mi vida.
Reina verdadera y hermosa de grande gracia,
estás vestida siempre con flores y hermosísima piel
al igual que una estrella brillante y lejana está vestida de luz,
así como la noche está adornada con el silencio y el misterio.
Eres quien busca la verdad por siempre en el mundo,
eres quien vence todas las cosas con tu espada del primer amor verdadero,
eres las batallas consumadas contra todos mis miedos.
Brenda María: en ti encuentro siempre mi fortuna.
pulchior femina quam virgo non verorum
imaginaria somnorum meorum.
Iuxta lacum cogitationis incertum tu iaces
et meae spem vitae das libenter.
Regina vera es pulchraque non sine gratia,
semper floribus et formosissima pelle es vestita
sicut vestita flagrans remota luce est stella,
sicut ornata silentio et mysterio est nox.
Veritatis mondo in aeternum quaesitor,
omnium gladio rerum primi vincitor veri amoris,
proelia metuum consumata meorum.
Brenda in te María est mea semper fortuna.
Tú eres mi gran vida, tú Brenda María,
mujer más hermosa que la virgen
imaginaria de mis sueños irreales.
Tú yaces junto al lago incierto del pensamiento
y das gustosamente esperanza a mi vida.
Reina verdadera y hermosa de grande gracia,
estás vestida siempre con flores y hermosísima piel
al igual que una estrella brillante y lejana está vestida de luz,
así como la noche está adornada con el silencio y el misterio.
Eres quien busca la verdad por siempre en el mundo,
eres quien vence todas las cosas con tu espada del primer amor verdadero,
eres las batallas consumadas contra todos mis miedos.
Brenda María: en ti encuentro siempre mi fortuna.
viernes 2 de octubre de 2009
ECCE PUER, ECCE HOMO.
He aquí el niño, he aquí el hombre.
Una visión introspectiva de la pérdida de mí mismo.
Una visión introspectiva de la pérdida de mí mismo.
Omnis ubi est? ¿Dónde está todo? Pregunta una voz haciendo uso de una lengua arcaica que voy olvidando. Y al igual que ella mi principio fundamental y original se ha disuelto en lo que veo ahora de mí. ¿En qué me he convertido? ¿Quién soy yo? A simple vista mi cuerpo se ha modificado, aunque no puedo definir si el cambio que ha experimentado ha sido bueno o malo.
Discernimiento: mi cuerpo es ahora más grande, podría decirse que es más fuerte a no ser por esta ausencia de fuerza que limita mis acciones, está cubierto de vello y emana de él un olor muy distinto del que tuvo al estar en la etapa de crecimiento. Ciertas funciones se han desarrollado plenamente. Soy completamente capaz de engendrar nueva vida, de aparentemente valerme por mí mismo. He descubierto poco a poco los misterios de las funciones y necesidades fisiológicas del ser humano. Experimenté el exceso, el vicio, la dependencia, el odio, el supuesto amor, el rechazo, la aceptación, la fraternidad, el rencor, la felicidad, la desdicha. He aprendido todo aquello que mi capacidad me ha permitido.
He experimentado tantas cosas en mi andar por este mundo. Mi cuerpo ahora ya no tiene dudas. Puede decirse entonces que finalmente me he convertido en un hombre, que he agotado por completo los temores imaginarios que he desechado mediante el conocimiento de las cosas y los fenómenos que se desarrollan en el mundo material. Mas pese a todo esto, mi mente sigue cuestionándose tantas cosas, realiza análisis exhaustivos sobre las condiciones en las que se desenvuelve el hombre, el yo. Y aunque el hombre fisiológico ha resuelto sus dudas y ha apaciguado sus inquietudes, el hombre mental no logra el descanso.
Nostalgia: Tiempo perdido. Añoranza. Recuerdos borrosos estacionados en la mente y de los cuales hacemos uso para deleite en la felicidad o en el dolor, porque el dolor para ciertos individuos es una sensación mucho más buscada que el placer que pueden darse o dar. ¿Qué recuerdo de mí con añoranza en el tiempo perdido? ¿Cuál es mi nostalgia? Prácticamente el niño ha desaparecido en mí. ¿Mas qué es lo que recuerdo de él? ¿Qué es lo que queda si es que en verdad aún hay un remanente de su existencia en el hombre?
Ecce Puer. He aquí el niño. El niño aún no contaba con una conciencia total de sí mismo. Recuerdo tantos días que el niño consumía apaciblemente en la contemplación de los árboles, de las plantas, de los lagos, de las aves, de los animales que le rodeaban y por los cuales sentía un afecto más profundo incluso que aquel que experimentaba por los seres humanos. Días de tardes perfectas en los que el tiempo era sólo un concepto inútil y carente de un valor real. Las horas eran una simple medida, las noches se dislocaban y engendraban el misterio y el miedo a lo desconocido, todo era todo y la nada ni siquiera existía. La muerte estaba ahí, desde luego, pero para un ser sano y que aprendía a cuidarse por sí mismo la muerte no representaba más que un drama ajeno, un estado que iban experimentando aves, animales, plantas y humanos. El niño en ese entonces era inmortal, supremo, con una vida enteramente llena de dudas por resolver.
El niño conocía ya, desde luego, la palabra amor. Amor a Dios, amor a la madre y al padre, amor a los hermanos, amor por la patria, amor por tantas cosas; pero qué difícil era llevar a cabo lo que se enseñaba en sus primeros años de escuela, de educación religiosa, de educación familiar. ¿Cómo profesar algo que carecía de sentido? Lo único real para el niño era el sentimiento profundo por las cosas y los seres. Llorar por el primer animal muerto y enterrado en el jardín de aquella casa del campo, llorar por tener que dejar a los primeros amigos de la infancia y tener que hacer nuevos, los cuales, según decían los adultos, no eran tan difíciles de encontrar (qué gran mentira), llorar por empezar a experimentar palabras huecas de diccionario tales como tristeza, melancolía, nostalgia, ¿qué significaba para el niño todo eso que iba conociendo? ¿Acaso el propio aniquilamiento de su estado de inocencia y tranquilidad? Llorar y sentir, llorar todo como diría un poema, sentir todo como dictaban las fibras sensibles del ser que iba creciendo y aprendiendo a olvidar lo que no es del hombre.
El niño lloraba todo sin restricción y era sano y salvo en la descarga de su sentimiento. Lloraba para sí mismo, lloraba para los otros, lloraba por nada y lloraba por todo. Pero lloraba al fin y al cabo y en ello su alma, que aún no era aniquilada por el raciocinio del hombre, descansaba, se rebelaba, crecía, se apaciguaba. Y el hombre, que bien sabemos aún tiene miedo a tantas cosas aunque busca no aparentarlo, ¿por qué ya no busca llorar? ¿Será acaso que la misma madurez de su cuerpo y su mente ha matado definitivamente el alma que llora?
Recuerdo al niño que empezaba a desarrollar un interés extraño por otros niños, por las desconocidas niñas de cualidades corporales semejantes pero distintas. Y así, con la duda siempre por delante, iba acrecentando el vocabulario de una lengua cuyo origen era verdaderamente intrascendente para él en ese entonces. Y en ese momento llegó la palabra beso, baiser, kiss, baccio, osculum, sin importarle el idioma le importaba más la acción en sí, la razón por la cual los adultos juntaban sus bocas y cerraban sus ojos y aspiraban el incienso invisible de una pasión, de una urgencia hasta ahora desconocida para él. Había que averiguar qué era eso, que sin duda era sólo una sensación como tantas otras que había ya experimentado. Un beso. ¿Sería acaso como lamer un caramelo, como masticar un trozo de carne, como beber leche, como libar los senos de la madre que le habían provisto de alimento durante sus primeros meses? ¿Sería entonces el beso un alimento de los seres humanos adultos, necesario para algún fin secreto, invisible que sólo ellos sabían? ¿Estaba vedado dicho secreto al niño por alguna razón desconocida e incomprensible?
El niño jugó un día a besar a una niña, puesto que ese era el proceder que había visto en los adultos, ya que para él la duda la generaba el beso entre dos seres de sexos opuestos, no entre adultos de sexos iguales; eso no le interesaba puesto que no lo había visto hacer aún por los otros: el niño aprende con base a la imitación y a la práctica de lo que ve. Y una niña jugó también un día a besar a un niño. Y ese niño sintió entonces algo cálido y ajeno a sí pero tan reconfortante, tan suave que tuvo miedo, un miedo que no ha de extrañarnos puesto que todos hemos experimentado miedo a lo desconocido. Pero el niño descubrió que la sensación era buena y fue entonces que entendió el porqué los adultos lo hacían una y otra vez. El niño corría y esperaba a la niña con ansia, el niño imaginaba y pensaba en la niña sin descanso. El niño aprendió a besar y el hombre olvidó cómo hacerlo. El niño lo sintió por primera vez y el hombre por la última ocasión. Todo beso en él empezaba a vivir y al mismo tiempo a morir desde ese momento.
El niño empezó entonces a cuestionarse y a matarse a sí mismo. Adquirió la conciencia plena de sí mismo. Comenzó a preguntarse sobre lo que es el amor. Ahora no bastaba sólo con sentir, había que darle una explicación a cada sentimiento y entender las causas de su presencia. Había que darle palabras a todo lo que descubría, ya que para eso eran las palabras, esa era la finalidad por la cual le habían sido enseñadas, había que definirlo todo usando el lenguaje. Debido a esto en su mente se había ensanchado el concepto de amor y todo aquello que le había sido enseñado sobre el mismo empezaba a dejar de ser un sin sentido. Otra niña se presentó en su vida. Y podría decirse que la amó en silencio si amar era esa sensación de desasosiego, ese presentimiento inagotable de lo acabable que no terminaba de empezar, esa necesidad de tomar la mano del otro ser, esa infinita frustración por no poder tener al otro, eso que se experimentaba cada vez que se respiraba, tocaba, veía y se olía al otro ser. Si todo ello era el amor entonces más tarde entendería que indudablemente el niño va creciendo capaz de amar a tantos otros seres, y que dicha capacidad era una de las cosas más humanas y naturales del individuo. Amor fue entonces algo que se concentraba dentro de él pero que era producido por la presencia de aquella niña a la que nunca dijo que la amaba. Entonces también entendió que el amor podía ser expresado o no pero que esto no impedía o afectaba en nada la capacidad de amar, y si ya había comprendido esto ¿de qué manera fue que el hombre lo olvidó y trató de matar su capacidad innata de amar a los otros?
Conforme el niño fue creciendo fue realizando nuevos hallazgos que lo iban alejando cada vez más de la inconciencia temprana. El niño descubrió un día el placer solitario del sexo. Lo poco que le había sido enseñado en la escuela sobre el sexo se mostraba obsoleto e inútil. ¿Cómo equiparar o contraponer conceptos tales como sexo-reproducción, sexo-placer y sexo-amor? ¿Cómo liberarse a sí mismo de las dudas, los miedos y todo lo imaginario que le producía su ignorancia del mundo, de un mundo que se abría finalmente de manera brutal y cruda? El niño finalmente dejaba de ser niño y se enfrentaba por vez primera al incipiente hombre que brotaba de sí mismo para tomar un lugar que le había pertenecido desde siempre…
Discernimiento: mi cuerpo es ahora más grande, podría decirse que es más fuerte a no ser por esta ausencia de fuerza que limita mis acciones, está cubierto de vello y emana de él un olor muy distinto del que tuvo al estar en la etapa de crecimiento. Ciertas funciones se han desarrollado plenamente. Soy completamente capaz de engendrar nueva vida, de aparentemente valerme por mí mismo. He descubierto poco a poco los misterios de las funciones y necesidades fisiológicas del ser humano. Experimenté el exceso, el vicio, la dependencia, el odio, el supuesto amor, el rechazo, la aceptación, la fraternidad, el rencor, la felicidad, la desdicha. He aprendido todo aquello que mi capacidad me ha permitido.
He experimentado tantas cosas en mi andar por este mundo. Mi cuerpo ahora ya no tiene dudas. Puede decirse entonces que finalmente me he convertido en un hombre, que he agotado por completo los temores imaginarios que he desechado mediante el conocimiento de las cosas y los fenómenos que se desarrollan en el mundo material. Mas pese a todo esto, mi mente sigue cuestionándose tantas cosas, realiza análisis exhaustivos sobre las condiciones en las que se desenvuelve el hombre, el yo. Y aunque el hombre fisiológico ha resuelto sus dudas y ha apaciguado sus inquietudes, el hombre mental no logra el descanso.
Nostalgia: Tiempo perdido. Añoranza. Recuerdos borrosos estacionados en la mente y de los cuales hacemos uso para deleite en la felicidad o en el dolor, porque el dolor para ciertos individuos es una sensación mucho más buscada que el placer que pueden darse o dar. ¿Qué recuerdo de mí con añoranza en el tiempo perdido? ¿Cuál es mi nostalgia? Prácticamente el niño ha desaparecido en mí. ¿Mas qué es lo que recuerdo de él? ¿Qué es lo que queda si es que en verdad aún hay un remanente de su existencia en el hombre?
Ecce Puer. He aquí el niño. El niño aún no contaba con una conciencia total de sí mismo. Recuerdo tantos días que el niño consumía apaciblemente en la contemplación de los árboles, de las plantas, de los lagos, de las aves, de los animales que le rodeaban y por los cuales sentía un afecto más profundo incluso que aquel que experimentaba por los seres humanos. Días de tardes perfectas en los que el tiempo era sólo un concepto inútil y carente de un valor real. Las horas eran una simple medida, las noches se dislocaban y engendraban el misterio y el miedo a lo desconocido, todo era todo y la nada ni siquiera existía. La muerte estaba ahí, desde luego, pero para un ser sano y que aprendía a cuidarse por sí mismo la muerte no representaba más que un drama ajeno, un estado que iban experimentando aves, animales, plantas y humanos. El niño en ese entonces era inmortal, supremo, con una vida enteramente llena de dudas por resolver.
El niño conocía ya, desde luego, la palabra amor. Amor a Dios, amor a la madre y al padre, amor a los hermanos, amor por la patria, amor por tantas cosas; pero qué difícil era llevar a cabo lo que se enseñaba en sus primeros años de escuela, de educación religiosa, de educación familiar. ¿Cómo profesar algo que carecía de sentido? Lo único real para el niño era el sentimiento profundo por las cosas y los seres. Llorar por el primer animal muerto y enterrado en el jardín de aquella casa del campo, llorar por tener que dejar a los primeros amigos de la infancia y tener que hacer nuevos, los cuales, según decían los adultos, no eran tan difíciles de encontrar (qué gran mentira), llorar por empezar a experimentar palabras huecas de diccionario tales como tristeza, melancolía, nostalgia, ¿qué significaba para el niño todo eso que iba conociendo? ¿Acaso el propio aniquilamiento de su estado de inocencia y tranquilidad? Llorar y sentir, llorar todo como diría un poema, sentir todo como dictaban las fibras sensibles del ser que iba creciendo y aprendiendo a olvidar lo que no es del hombre.
El niño lloraba todo sin restricción y era sano y salvo en la descarga de su sentimiento. Lloraba para sí mismo, lloraba para los otros, lloraba por nada y lloraba por todo. Pero lloraba al fin y al cabo y en ello su alma, que aún no era aniquilada por el raciocinio del hombre, descansaba, se rebelaba, crecía, se apaciguaba. Y el hombre, que bien sabemos aún tiene miedo a tantas cosas aunque busca no aparentarlo, ¿por qué ya no busca llorar? ¿Será acaso que la misma madurez de su cuerpo y su mente ha matado definitivamente el alma que llora?
Recuerdo al niño que empezaba a desarrollar un interés extraño por otros niños, por las desconocidas niñas de cualidades corporales semejantes pero distintas. Y así, con la duda siempre por delante, iba acrecentando el vocabulario de una lengua cuyo origen era verdaderamente intrascendente para él en ese entonces. Y en ese momento llegó la palabra beso, baiser, kiss, baccio, osculum, sin importarle el idioma le importaba más la acción en sí, la razón por la cual los adultos juntaban sus bocas y cerraban sus ojos y aspiraban el incienso invisible de una pasión, de una urgencia hasta ahora desconocida para él. Había que averiguar qué era eso, que sin duda era sólo una sensación como tantas otras que había ya experimentado. Un beso. ¿Sería acaso como lamer un caramelo, como masticar un trozo de carne, como beber leche, como libar los senos de la madre que le habían provisto de alimento durante sus primeros meses? ¿Sería entonces el beso un alimento de los seres humanos adultos, necesario para algún fin secreto, invisible que sólo ellos sabían? ¿Estaba vedado dicho secreto al niño por alguna razón desconocida e incomprensible?
El niño jugó un día a besar a una niña, puesto que ese era el proceder que había visto en los adultos, ya que para él la duda la generaba el beso entre dos seres de sexos opuestos, no entre adultos de sexos iguales; eso no le interesaba puesto que no lo había visto hacer aún por los otros: el niño aprende con base a la imitación y a la práctica de lo que ve. Y una niña jugó también un día a besar a un niño. Y ese niño sintió entonces algo cálido y ajeno a sí pero tan reconfortante, tan suave que tuvo miedo, un miedo que no ha de extrañarnos puesto que todos hemos experimentado miedo a lo desconocido. Pero el niño descubrió que la sensación era buena y fue entonces que entendió el porqué los adultos lo hacían una y otra vez. El niño corría y esperaba a la niña con ansia, el niño imaginaba y pensaba en la niña sin descanso. El niño aprendió a besar y el hombre olvidó cómo hacerlo. El niño lo sintió por primera vez y el hombre por la última ocasión. Todo beso en él empezaba a vivir y al mismo tiempo a morir desde ese momento.
El niño empezó entonces a cuestionarse y a matarse a sí mismo. Adquirió la conciencia plena de sí mismo. Comenzó a preguntarse sobre lo que es el amor. Ahora no bastaba sólo con sentir, había que darle una explicación a cada sentimiento y entender las causas de su presencia. Había que darle palabras a todo lo que descubría, ya que para eso eran las palabras, esa era la finalidad por la cual le habían sido enseñadas, había que definirlo todo usando el lenguaje. Debido a esto en su mente se había ensanchado el concepto de amor y todo aquello que le había sido enseñado sobre el mismo empezaba a dejar de ser un sin sentido. Otra niña se presentó en su vida. Y podría decirse que la amó en silencio si amar era esa sensación de desasosiego, ese presentimiento inagotable de lo acabable que no terminaba de empezar, esa necesidad de tomar la mano del otro ser, esa infinita frustración por no poder tener al otro, eso que se experimentaba cada vez que se respiraba, tocaba, veía y se olía al otro ser. Si todo ello era el amor entonces más tarde entendería que indudablemente el niño va creciendo capaz de amar a tantos otros seres, y que dicha capacidad era una de las cosas más humanas y naturales del individuo. Amor fue entonces algo que se concentraba dentro de él pero que era producido por la presencia de aquella niña a la que nunca dijo que la amaba. Entonces también entendió que el amor podía ser expresado o no pero que esto no impedía o afectaba en nada la capacidad de amar, y si ya había comprendido esto ¿de qué manera fue que el hombre lo olvidó y trató de matar su capacidad innata de amar a los otros?
DeL CuErPO y OtRaS CoSas.
Sangre.
Derramas blanda caída. El viento que pasa entre las sombras acarrea nuestro olvido vociferante. Tantas voces que hemos extinguido a través de una historia que nos controla los movimientos, los pensamientos. Eres el ardor que mana de la pérdida diaria del cuerpo que se agota a sí mismo. Has llevado en ti la anunciación del exilio de mi persona. Te bebieron tantas horas. Te obsequié a cualquiera en mi esperanza taciturna soñada. Y ahora amanece mientras te sigo perdiendo. Tu caída controla mis ideas. Caen todas. Caigo yo y con ellas tú. Caemos los dos: sigues ausentándote de mi memoria. Te llevas lo que soy y en ello me despojas del placer de un hastío en que me había estacionado indefinidamente. Eres vital y en tu ausencia hallo la perdición eterna que siempre busqué para los dos.Cuerpo.
Creí una vez sentirme en ti. No soy el que parezco, nunca fui lo que vi en el espejo de la laguna de mis olvidos, de mis recuerdos.| Nunca fui lo que viví. Nunca fui lo que maté. Lo que toqué con mis manos fue tan sólo la falsedad del momento que se deterioraba bajo mi vista de insecto. En mis entrañas palpitaban los deseos de la carne, en la sangre que se escapaba navegaban los glóbulos de la pereza y la desesperanza. Mis vísceras se alimentaron con los sobresaltos y los inciertos alimentos de la tierra que me reclamaba. Mis pasos nunca me llevaron a ninguna parte; mis ideas me dirigían a la zozobra del alma en la cual nunca creí. Gusanos pululaban los ventrículos de mi corazón enternecido y suavizado por la podredumbre de un sentimiento malsano. Hálitos de un presagio funesto eran los que nutrían mis pulmones cóncavos plagados de espectros de un aire lleno de una polución terrestre: respiraba mi propia muerte.
Mente.
Ráfaga fugaz, nido de serpientes aladas y abominables, creadora del pensamiento atroz y sin sentido. Tú nutres la conciencia, alimentas la sensación de saberme tan personalmente yo y tan íntimamente perdido en la bruma de tu encanto de neuronas carcomidas por la desdicha. Has dominado el sentimiento del hombre y doblegado con tu vana racionalidad la pasión y el hambre de un caníbal. Féretro supremo donde albergo el olvido y el recuerdo. Cadena de hierro que arraiga el odio y el deseo de una destrucción en silencio. Flagelo que azota mi paz y mi tranquilidad con espinas de un metal candente y de deliciosa y dolorosa maleabilidad que se adhiere al ser. Eres sin tener cuerpo y estás aún sin ser vista. La noción de tu existencia son los ojos del maremoto que ahoga toda la posibilidad de una vida sin pensamientos.
Alma.
Estás muerta. No hay silencio que se iguale a tu ausencia ni rayo de luz capaz de iluminar el vacío de tu penumbra. Estéril concepto el tuyo. No hablas, no respiras, no te mueves, no sientes, no escuchas, ¡en cuántas cosas nos parecemos! Y, sin embargo, estoy aquí, describiéndote, describiéndome.
viernes 25 de septiembre de 2009
jueves 24 de septiembre de 2009
Quando satis est? Quando nimis? cor meum meam animam et meum corpum pulsat. in mente sunt cogitationes, ideae; in viis mundi et vitae quae res sunt mecum? sempliciter multas possum res cogitare in solitudine et quando cum amicis sum in festa aut in hora meditationis. cum eos metum possum vincere? mecum ipse? cum ea mea Thesaliae Venefica?
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